jueves, 6 de febrero de 2014

Mis queridos chulapos...


Sí, ya sé que no estamos en San Isidro, ni es la Virgen de la Paloma,  pero el otro día, enseñando mis catálogos de Chirigüevos a dos señoras, una de ellas los vio,  le gustaron muchísimo, y me los compró: ¡otros “hijos”  que abandonan el nido…! Y voy a hablar en esta entrada de los chulapos y las chulapas, una imagen que evoca al madrileño castizo de finales del siglo XIX y principios del XX y que todavía podemos ver en la calle en fechas señaladas.
 En realidad sólo se llamaban así los vecinos del barrio de Malasaña, el ahora llamado “Barrio de las letras” para hacerlo más castizo si cabe, aunque lo cierto es que ninguno de los escritores que dan nombre a sus calles convivió con nuestros pintorescos personajes…
Y habremos oído hablar también de los “manolos y manolas” y por supuesto, de los “majos y majas” que Goya inmortalizó en su obra,  ¿acaso no son todos tipos del casticismo madrileño?
El caso de los “Manolos” tiene su historia curiosa. Se ubicaban en el barrio de Lavapiés. Allí se concentraban  principalmente los judíos y los conversos que quedaron tras la expulsión decretada por los Reyes católicos,  en su afán de hacer ver que eran cristianos nuevos,  ponían a sus primogénitos el nombre de Manuel, de ahí la abundancia de “Manolos y Manolas”, y por consiguiente, el nombre del barrio.
Los Majos y Majas, también conocidos como “goyescos” por los retratos que el genial pintor Goya  nos dejó de ellos, eran el pueblo llano de Madrid cuando se engalanaba para ir de fiesta en el siglo XVIII .   
Pero de todo esto, lo que nos queda es la pose chulesca un tanto estirada con su vocabulario particular y los trajes que acostumbramos a ver puestos: ellos con el chaleco y clavel en la solapa, pantalones oscuros y ajustados, gorra de cuadros, pañuelo al cuello y ellas, pañuelo en la cabeza con un clavel, vestido típico de lunares hasta los pies y… ¿dónde vas con mantón de Manila?
-¡Pues los pinreles del menda van a  la verbena a guilar a la ja, que tié unos arcais que quitan el hipo!
Ya lo traduciré porque no sé si existe el diccionario Castizo- Español, Español-Castizo, lo que os dejo es un enlace para que veáis otra curiosidad, porque os habréis fijado que la chulapa lleva sus churritos en la mano...




miércoles, 15 de enero de 2014

...nosotras decidimos...

Un chiquitín 

Aquí tenéis la representación de un pequeño bebé... ¡saliendo de un huevo...! Es lo que tiene que haber en el blog de los Chirigüevos… lo hice como regalo de un bautizo. Creo que la mayoría de las personas cuando ven a un niño pequeño se enternecen, porque lo ven como un ser indefenso, necesitado de todo y especialmente del cariño de sus padres.
Todos pasamos por esa etapa, una etapa que no podemos recordar por nosotros mismos, pero que nuestros padres, tíos, abuelos, etc. nos han contado para ser capaces de completar nuestra propia historia. Normalmente está tejida de recuerdos entrañables, que se recuerdan con ternura: los primeros pasos, el primer diente, la primera vez que dijimos papá y mamá … En ocasiones también nos cuentan sus desvelos cuando estábamos enfermos, las noches llenas de trajines atendiendo a nuestros lloros, las caídas, las trastadas, nuestras pequeñas travesuras…
A veces traemos estas cosas a nuestra memoria, y consiguen que esbocemos una sonrisa. Yo tengo un recuerdo particularmente divertido; tendría tres o cuatro años cuando sucedió. El caso es que mi madre me debió reñir por algo, y como ya me había reñido más veces por otras cosas, yo me había forjado en mi cabecita una idea bastante peregrina: me iría a buscar otra mamá, una que no me riñera tanto, y así se lo dije: “ ¡me voy a buscar otra mamá!” y para mi sorpresa, mi madre me sacó a la calle y me dijo: “ ¡hala, vete a buscarla!” Y cerró la puerta dejándome fuera. De pronto me di cuenta de que yo no conocía ninguna otra mamá, así que no sabía dónde buscar, entonces me puse a llorar mientras le decía: “¡mamá, que te quiero mucho!” y mi madre, que había observado todo desde la mirilla, abrió la puerta y me dejó entrar. Jamás se me ocurrió volver a repetirlo...
Cuento esto porque esta mañana cuando iba por la calle, me he encontrado carteles pegados por las paredes con mujeres alzando sus puños con gesto amenazante y pintada en el suelo varias veces la “hermosa frase” de: “Nosotras parimos, nosotras decidimos.”
No pretendo escribir sobre política, ni sobre moral o ética, ni tampoco sobre leyes. Sencillamente, al leer esa frase, me ha venido a la cabeza la idea de que al final todo es cuestión de amor, de amor de Madre.
Estoy convencida de que la mayor parte de las personas, cuando piensan en su madre no se imaginan a las activistas que han pegado esos carteles y han hecho esas pintadas. Sé perfectamente que todo esto es una movida relacionada con las discusiones para cambiar la ley del aborto. Pero insisto, al final todo es cuestión de amor. Lo sé porque mi abuela, que tuvo la oportunidad de decidir, decidió como Madre, y “parió” a la mía.
A veces es bueno pensar qué hubiera ocurrido si la decisión hubiera sido otra. Para empezar nadie estaría leyendo esto porque no se hubiera escrito, y, francamente, a mí no me hace ninguna gracia, porque supondría que yo no existo, y lo que es peor, tampoco existiría mi madre.
El 24 de este mes es el aniversario del fallecimiento de mi abuela, me gustaría que estas palabras sirvieran de homenaje a esa mujer valiente, Madre valiosísima, abuela queridísima, que puso sus puños en alto para luchar por lo que más quería: su familia.