miércoles, 15 de enero de 2014

...nosotras decidimos...

Un chiquitín 

Aquí tenéis la representación de un pequeño bebé... ¡saliendo de un huevo...! Es lo que tiene que haber en el blog de los Chirigüevos… lo hice como regalo de un bautizo. Creo que la mayoría de las personas cuando ven a un niño pequeño se enternecen, porque lo ven como un ser indefenso, necesitado de todo y especialmente del cariño de sus padres.
Todos pasamos por esa etapa, una etapa que no podemos recordar por nosotros mismos, pero que nuestros padres, tíos, abuelos, etc. nos han contado para ser capaces de completar nuestra propia historia. Normalmente está tejida de recuerdos entrañables, que se recuerdan con ternura: los primeros pasos, el primer diente, la primera vez que dijimos papá y mamá … En ocasiones también nos cuentan sus desvelos cuando estábamos enfermos, las noches llenas de trajines atendiendo a nuestros lloros, las caídas, las trastadas, nuestras pequeñas travesuras…
A veces traemos estas cosas a nuestra memoria, y consiguen que esbocemos una sonrisa. Yo tengo un recuerdo particularmente divertido; tendría tres o cuatro años cuando sucedió. El caso es que mi madre me debió reñir por algo, y como ya me había reñido más veces por otras cosas, yo me había forjado en mi cabecita una idea bastante peregrina: me iría a buscar otra mamá, una que no me riñera tanto, y así se lo dije: “ ¡me voy a buscar otra mamá!” y para mi sorpresa, mi madre me sacó a la calle y me dijo: “ ¡hala, vete a buscarla!” Y cerró la puerta dejándome fuera. De pronto me di cuenta de que yo no conocía ninguna otra mamá, así que no sabía dónde buscar, entonces me puse a llorar mientras le decía: “¡mamá, que te quiero mucho!” y mi madre, que había observado todo desde la mirilla, abrió la puerta y me dejó entrar. Jamás se me ocurrió volver a repetirlo...
Cuento esto porque esta mañana cuando iba por la calle, me he encontrado carteles pegados por las paredes con mujeres alzando sus puños con gesto amenazante y pintada en el suelo varias veces la “hermosa frase” de: “Nosotras parimos, nosotras decidimos.”
No pretendo escribir sobre política, ni sobre moral o ética, ni tampoco sobre leyes. Sencillamente, al leer esa frase, me ha venido a la cabeza la idea de que al final todo es cuestión de amor, de amor de Madre.
Estoy convencida de que la mayor parte de las personas, cuando piensan en su madre no se imaginan a las activistas que han pegado esos carteles y han hecho esas pintadas. Sé perfectamente que todo esto es una movida relacionada con las discusiones para cambiar la ley del aborto. Pero insisto, al final todo es cuestión de amor. Lo sé porque mi abuela, que tuvo la oportunidad de decidir, decidió como Madre, y “parió” a la mía.
A veces es bueno pensar qué hubiera ocurrido si la decisión hubiera sido otra. Para empezar nadie estaría leyendo esto porque no se hubiera escrito, y, francamente, a mí no me hace ninguna gracia, porque supondría que yo no existo, y lo que es peor, tampoco existiría mi madre.
El 24 de este mes es el aniversario del fallecimiento de mi abuela, me gustaría que estas palabras sirvieran de homenaje a esa mujer valiente, Madre valiosísima, abuela queridísima, que puso sus puños en alto para luchar por lo que más quería: su familia.

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